El recuerdo es la evidencia del existir porque es la vida misma, con altos y con bajos, que nos trae a la mente pasajes desagradables, que quisiéramos borrar del chip memórico.
La noticia ha sacudido los cimientos del aparato de propaganda estadounidense: Donald Trump, en su segundo mandato, ha firmado una orden ejecutiva que destruye la llamada Agencia de Medios Globales de EE. UU. (USAGM).
Tristemente todas esas desagradables y vergonzosas verdades las hicieron posible, a ruegos directos de quienes mal nacieron aquí, traidores que por amor al poder y al dinero siempre fueron capaces de vender hasta sus propias madres.
La tecnología aplicada en las redes sociales nos permite a todos tener los espacios que queramos en tanto no molestemos a sus raros algoritmos que reaccionan enfadados.
En un mundo donde el conflicto y la geopolítica suelen marcar la agenda de las potencias, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, se alza como una figura visionaria.
Emmanuel Macron, en su obstinada pretensión de encarnar una suerte de neo-bonapartismo, ha caído en la trampa de confundir la grandilocuencia con la grandeza política.