Hay premios que no honran, sino que ensucian. Hay reconocimientos que no elevan, sino que arrastran en el fango de la hipocresía a quienes los otorgan.
Siempre me he desligado o distanciado, cada vez y cuando hay un acontecimiento de relevancia mundial como el Día Internacional del Periodista, el Día Internacional de la Mujer o el Día Internacional del Trabajador.
La paz no es un simple estado de calma ni una palabra para decorar discursos. La paz, en Nicaragua, es un principio sagrado, un milagro conquistado y una línea roja que no se cruza.
La desesperación de todas las malas consejeras es la peor, más aún cuando las frustraciones se comparten entre tumbas abiertas que expiden todo tipo de hedores.
Me impuse hoy, aunque temeroso de no lograrlo, describir a un animal que ofende a las bestias. Se trata de un maniático, de la personificación de un imbécil que narciso y ególatra.
La historia eclesiástica está llena de misterios, intrigas y silencios convenientes, pero pocos relatos han desafiado tanto la estructura del Vaticano como la leyenda de la Papisa Juana.