Nicaragua por el inmenso recorrido que a lo largo de su historia ha transitado, cargando el peso de amargos y tristes episodios, merece algo mejor que el ruido, la fetidez, la oscuridad y los escombros bajo los que por mucho tiempo se mantuvo atrapada y sepultada. Nuestro bello país, al que debemos seguir creando espacios y condiciones para que sus amaneceres sean distintos a los de otros tiempos demanda de sus mejores hijos doblar las páginas donde los malos deseos escribían solo fatalidades inspiradas en el odio y la envidia, dos ojivas devastadoras que nos condujeron en muchos capítulos de nuestra historia a la negación de lo que desde las tribunas electorales se proclamaba como democracia, pero una vez en el poder se transformaba en la exclusión de los pocos contra los muchos.

Andan más desorbitados de lo habitual los que desde la oscuridad y del mundo sin retorno que habitan fuera de nuestras fronteras se lanzaron en picada desde la cúspide de la maldad para clavarse sobre la naturaleza propia de la muerte y de situaciones emocionales y personales que afectan grandemente a las familias cuando las padecen y lo hicieron solo para pringar y desacreditar nuestras instituciones y los valores que como nicaragüenses de bien nos motivan a seguir construyendo este país.

Recientemente hubo una alusión al “ODIO INFAME” por parte del Consejo de Comunicación de la presidencia recordando a cada uno, que tod@s somos de este Mundo, en este Mundo estamos y en este Mundo podemos vivir los más terribles dolores. Llamó al respeto y a la cordura. Remarcó en que una cosa es la desarmonía o enemistad política, y otra, la saña innoble contra Familias que padecen tragedias y procesos que muchas veces alteran sus Vidas de forma irremediable.

Observó que las tecnologías de la información que no son o no deben ser para la burla, el desprestigio o el atropello porque és abusar y promover deshonra y daños irreparables. Llamó a tod@s, y a cada un@, a respetarnos como Seres Humanos, más allá del interés político que tiende a sembrar cizaña en el Corazón.

Tristemente el odio contra nuestro país, todo lo que representa y es, existe y habita en sectores que van desapareciendo sí, pero están ahí visibilizándose tóxicamente para expresar perversidades que pretenden romper nuestra unidad, porque reaccionan demoníacamente ante un pueblo que los ignora porque sabe que el producto que el odio vende, mata.   

EL ODIO envenena profundamente, perturba y destruye. Tiene el mismo efecto que el óxido sobre el hierro, te corrompe, quiebra o podre y está ahí, desde afuera, deportado, desnacionalizado, auto evidenciado como traidor, pero insistiendo en revivir canalladas, en episodios que jamás volverán mientras existan nicaragüenses que aman la paz en esta tierra libre, soberana e independiente.

EL ODIO es el lenguaje de la ira, de la violencia y la intolerancia.  El odio es una energía peligrosa y explosiva que habita en un espacio todo reducido y tan enanamente mental que quien lo manifiesta no tiene capacidad de raciocinio para determinar el daño que hace y se hace.

Un individuo puede ser poseído por el odio hacia objetos, situaciones o personas y cuando lo tiene dentro aflora lo más sucio que puede mostrar alguien contra algo, contra una persona o contra la sociedad. Cuando ese odio sale de las entrañas de quien es su rehén nada es predecible porque todo sale de control y se lanza sin escatimar el daño a causar sin considerar a quien lo pueda sufrir, porque no media que sea un niño, una viuda, un aciano, un país, nada de eso vale para imponer el dolor.

Existen los que son felices odiando, aunque nadie pueda ser feliz así, pero algunos lo creen ignorando que el odio mata y matará a quien le de cuerda antes de aquel hacia quien va dirigido tan nefasto sentimiento. El odio aprovecha todo momento para perjudicar a los demás y ese afán le quita el hambre, el sueño y hasta las ganas de vivir a quien lo padece y por eso desesperadamente el individuo que lo tiene, con mentiras y patrañas, trata de unir a otros a su malignidad para colectivizar algo que ante nada ni ante nadie es correcto.

EL ODIO es la cólera de los fracasados y es tan profundo que ubica a quien lo sufre a estar por muy por debajo de todo lo que por él es odiado. Por eso el odio es como un alcohólico o drogadicto que desde el chiquero de una cantina o desde el rincón más oscuro de los zombis, todos los días renuevan su sed con la bebida o la desesperación por la yerba o el polvo y en este caso con su propio odio lo que hace de su alma es un espíritu envenenado que lo mata en vida.

EL ODIO es solo la ausencia de la imaginación y la sobre abundancia de la ignorancia y cuando yo veo a alguien que traspira odio concluyo que ese sudor no es más que lo refleja la imagen que lleva por dentro y como no la soporta quiere escupirla hacia otros.

El odio es la venganza del cobarde y aquí teníamos varios que no parecían tenerlo, pero nos sorprendieron por la inmensa capacidad de almacenar todo ese veneno que nos han lanzado y siguen lanzando temerariamente contra Nicaragua sin meditar en que esos son escupitajos al aire que les regresan y que provocan en otros, indignación, porque hieren, no porque la cobardía, la difamación y la calumnia la recibamos a título personal, sino porque los odiosos al que quieren destruir es al futuro de Nicaragua.

Sabiendo lo que representa y genera el odio por si solo hay algo más que unido a él puede ser literalmente apocalíptico y eso es “LA ENVIDIA” porque cuando el maridaje del diablo y la diabla caminan de manitas sudadas los efectos son devastadores y debemos estar atentos a sus andanzas porque son un binomio poderoso que existe, pero al que no debemos acostumbrarnos de ninguna manera.

Habiendo definido al odio como lo que es, debo conceptuar desde mi propio criterio sobre algo que es perceptible en cada infamia que en calidad de sofisma se dice sobre nuestro país, sobre sus gobernantes o sobre toda persona que apueste u opine en sentido contrario a lo que la perversidad quiere hacer para comprar un pasaje al pasado que solo tuvo tíquet de ida.

Debo referirme entonces a la envidia, un cáncer con metástasis en quienes la padecen y lo que lo provoca no es mi dinero, mi carro, mi casa o cuantas cosas materiales haya logrado, porque el envidioso puede tener eso y muchísimo más, sino que reacciona y se revuelca de cólera y frustración ante mi esencia, mi energía o ante lo que usted o yo hacemos bien y el envidioso no.

LA ENVIDIA se retuerce por el éxito de nuestras familias, de nuestros talentos, por el aura que nos cubre; por nuestras relaciones con las personas; por la forma como tratamos a los demás; por la manera en cómo nos tratan y cómo nos manejamos ante los valores de la vida; por lo que somos capaces de dar; por las bendiciones que recibimos; porque los amigos que tenemos, porque nos respetan, porque nos creen, porque nos sentimos seguros, porque tenemos éxito, porque nunca nos damos por vencidos, porque tenemos fuerza.

Cuando LA ENVIDIA es cegada por la luz se convierte en una de las emociones menos toleradas en la sociedad, en una expresión profundamente rechazada porque es motor de comportamientos destructivos que desembocan en la venganza contra todos aquellos a los que termina odiando.

LA ENVIDIA es un anti sentimiento doloroso que daña a quien lo padece por el deseo de tener algo que no puede y esto hace sentir tremendamente vulnerable a quien sufre este cáncer. Es frecuente que la envidia incite sentimientos de ira, destrucción, celos, y venganza como una forma de satisfacer o calmar la angustia y frustración de no puedo conseguir algo.

LA ENVIDIA es inaceptable porque es contraria al amor, protección, alegría y bienestar de la mayoría, por lo hay que decir gracias a Dios que los envidiosos son pocos, aunque indudablemente sus frustraciones siempre hagan ruido y cuando hablo de ruido no es que tengan éxito en las frustraciones que carga, sino a la toxicidad del veneno que lanzan para descalificar y deslegitimar lo que ellos ni pueden tener, ni pueden alcanzar y entonces es cuando se imponen validar aquello de que, si no es para mí, no es para nadie.

LA ENVIDIA es una atracción fatal para la oscuridad y un distintivo monumental por la mediocridad. Es la que charchalea de felicidad cuando patea la gloria y el éxito de los demás; es el rastrar serpentero de los perdedores; es la venenosa burla que brota hiel de las entrañas abiertas en aquellos que se saben insignificantes bichos que únicamente pueden hacer gala de su propia fealdad y como son tan monstruos por dentro y por fuera entonces tratan de corromperlo todo, de tergiversar, manipular, contrariar, calumniar, difamar, no importa que el fin les justifique el medio, pero lo determinante para estos bocateros, es hacerse lucir como el maldoso o la maldosa, cuando lo que en realidad muestran es la validación del porqué les llamamos miserias humanas.

Así las cosas, no rebajes tu grandeza de hombre o mujer de bien, de ciudadano que construye patria ante el odio y la envidia del mediocre. No busques que te valide quien ni siquiera se conoce así mismo, porque quien odia y envidia no tiene dominio propio dado que quien lo controla es una fuerza oscura y tenebrosa que actúa como demonio.

Lo que a los nicaragüenses de bien corresponde es avanzar firme, con determinación, con la frente en alto, orgulloso de lo que somos porque la luz no tiene que pedir permiso para brillar. Cuando tenemos presente que Dios no olvida y que eres noble la verdad verdadera nos dice que en su tiempo y momento todo se deberá pagar, y es cuando sin mover un dedo veremos pasar ante nosotros al odio y la envidia dentro de un ataúd redondo para llevarlos a patadas metafóricas rumbo al cementerio, pero eso sí dejemos que el odio y la envidia mueran por efecto de su propia espada.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

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