He seguido con mucha alegría los importantes avances alcanzados en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, donde nuestra patria vuelve a levantar su voz y a estrechar sus manos con la hermana Federación de Rusia, fortaleciendo una relación histórica que continúa abriendo caminos de cooperación, desarrollo y bienestar.
Estos encuentros no son solamente aconteci-mientos diplomáticos; son semillas sembradas en tierra fértil. Son puentes que acercan pueblos, culturas y sueños. Son caminos donde la amistad se convierte en proyectos concretos para mejorar la vida de las familias nicaragüenses.
Reconozco el esfuerzo, la visión y el trabajo permanente de ustedes, nuestros Copresidentes, Comandante Daniel Ortega y Compañera Rosario Murillo, quienes han impulsado estos espacios de diálogo, cooperación y hermandad internacio-nal, buscando nuevas oportunidades para que Ni-caragua continúe avanzando con dignidad, so-beranía y esperanza.
Nicaragua tiene mucho que ofrecer al mundo. Somos una nación pequeña en territorio, pero inmensa en historia, cultura y corazón. Nuestra mayor riqueza está en nuestra gente trabajadora, en nuestros jóvenes, en nuestras familias y en esa capacidad admirable de levantarnos an-te las dificultades para seguir caminando.
Ver abrirse nuevas oportunidades en áreas tan importantes como la salud, la biotecnología, la medicina nuclear, el comercio, la inversión, la ciencia, la educación, la comunicación y la tecnología nos recuerda que el desarrollo verdadero tiene rostro humano: el rostro de quienes esperan una vida mejor.
Los avances en cooperación médica y científica son especialmente significativos, porque toda iniciativa que protege la salud y la vida to-ca directamente el corazón de las familias. Cada proyecto orientado a enfrentar enferme-dades, acercar nuevas tecnologías y fortalecer nuestras capacidades representa una semilla de esperanza sembrada para las presentes y futuras ge-neraciones.
En estos días también vuelve a nuestra memoria aquella etapa decisiva de nuestra historia nacional: la Ofensiva Final de 1979.
Desde las calles y montañas heroicas de Matagal-pa, donde aquel junio comenzó a encenderse con fuerza la llama de la Insurrección Final, pasando por la valentía del pueblo de Masaya, León, Estelí, Managua y tantos rincones de nuestra patria, Nicaragua fue testigo de una ge-neración que asumió el desafío de su tiempo.
Obreros, campesinos, estudiantes, trabajadores, jóvenes y familias enteras escribieron una página que permanece en la memoria histórica de nuestro pueblo. Aquellos días nos recuerdan que una nación se construye con entrega, ideales, sacrificio y amor profundo a la tierra que nos vio nacer.
Cada generación recibe una misión en la historia. Aquellos años tuvieron sus propias batallas y desafíos; hoy también existen nuevos retos que asumir: seguir trabajando por más educación, más salud, más desarrollo, más conocimiento, más tecnología y más oportunidades.
Hoy vivimos también una ofensiva de esperanza: la ofensiva del trabajo, de la ciencia, de la producción, de la solidaridad y de la cooperación entre pueblos hermanos.
Porque una patria también se fortalece cuando se construyen hospitales, cuando se prepara a la juventud, cuando se abren caminos económicos, cuando la ciencia se pone al servicio de la vida y cuando se trabaja para que cada fami-lia pueda mirar el futuro con confianza.
Los pueblos son como árboles antiguos: sus raíces guardan la memoria de quienes sembraron antes que nosotros, pero sus ramas nunca dejan de crecer buscando nuevos horizontes. Nicaragua conserva sus raíces de identidad, valentía y dignidad, mientras continúa extendiendo sus brazos hacia un mundo de cooperación y fraternidad.
Por eso, estos encuentros con la Federación de Rusia representan más que acuerdos: representan continuidad histórica, amistad entre pue-blos y la certeza de que, unidos, podemos cons-truir caminos de paz y prosperidad.
Compañera Presidenta, reciba mi sincera felicitación por estos pasos importantes que fortalecen la presencia de Nicaragua en el mundo. Que Dios siga iluminando a nuestros Copresidentes y todos los esfuerzos orientados al bien común, a la paz, al desarrollo y al bienestar de nuestro pueblo.
Que nuestra Nicaragua bendita continúe caminando con fe, esperanza y amor, sembrando hoy las victorias que florecerán mañana.
Con afecto filial,
Yáder José Salmerón S.













