Recientemente el chirizo Dennis Martínez, desde su dorada vida en el imperio, hizo uso de un espacio en la sección de opinión que le brinda el terrorista diario La Prensa, hoy convertido en una cloaca digital.

En su columna de opinión "Desde el Montículo", lanzó una serie de injurias, calumnias y difamaciones contra nuestro Gobierno Sandinista. En su artículo titulado "Nadie merece morir así", se tiró las trancas, como decimos en buen nicaragüense, y sin tener el más mínimo argumento ni prueba alguna que sustente su aberrante afirmación, acusó a los Copresidentes de ser los supuestos responsables del fallecimiento del dirigente indígena Brooklyn Rivera.

Por mi experiencia de más de 30 años en el periodismo, sé que muchos boxeadores terminan su carrera con secuelas neurológicas producto de los golpes recibidos en el ring a lo largo de sus peleas profesionales. Lo mismo ocurre en el béisbol, donde los pícheres suelen retirarse con desgarres musculares y fuertes dolencias en el hombro debido a los miles de lanzamientos realizados hacia el home plate.

Pero Dennis Martínez parece ser un caso aparte. Todo hace indicar que las temporadas que jugó en las grandes ligas, en vez de afectarle el brazo, le descachimbaron la cabeza porque se necesita tener un corazón muy podrido y lleno de maldad para que de un cerebro tan deteriorado salgan este tipo de acusaciones que ofenden la memoria del líder indígena, pero que además evidencian que Martínez ahora forma parte del lineup de propagandistas del equipo yanqui, dedicados a fabricar este tipo de narrativas con el fin de atacar al pueblo de Nicaragua y a su vez seguir recibiendo la paga de quienes los contrataron, como las 30 monedas de plata que recibió Judas por traicionar a Jesucristo.

En cualquier país del mundo, la carga de la prueba recae sobre quien acusa. De lo contrario, podría enfrentar acciones legales por daños y perjuicios, además de las eventuales responsabilidades penales que pudieran derivarse de una acusación sin sustento. Precisamente eso fue lo que ignoró el vendepatria Dennis Martínez mientras escribía esas mentiras, haciendo caso omiso de los informes médicos que se emitieron en tiempo y forma detallando el delicado estado de salud de Brooklyn Rivera. El golpista tampoco valoró la atención que día y noche brindaron los mejores especialistas del país al dirigente indígena, siguiendo las orientaciones de un Gobierno Cristiano, Socialista y Solidario que hizo hasta lo imposible por sacar adelante al compañero, quien, como era de conocimiento público y de sus familiares, padecía enfermedades crónicas que se agravaron tras la pandemia.

Por algún tiempo, Dennis Martínez llegó a creer que haber lanzado un juego perfecto en 1991 en las grandes ligas era suficiente para que los nicaragüenses se desbordaran a votar por él y lo llevaran hasta la Presidencia de la República. A esa ilusión contribuyó la desmedida adulación de un cronista deportivo que llegó a bautizarlo como "el Presidente", alimentando poco a poco un resentimiento profundo contra todos aquellos líderes políticos que sí lograron gobernar Nicaragua y ganarse el respaldo popular que él nunca consiguió, porque ni siquiera pudo llegar a las urnas como candidato. Y de ese resentimiento tampoco escaparon la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, quienes en su momento le tendieron la mano y lo ayudaron, pero que después recibieron de vuelta una mordida en las mismas manos que lo alimentaron.

Dennis pasó de ser una referencia deportiva a una vergüenza moral. Yo no recuerdo que desde el tal montículo que le inventaron en La Prensa para desprestigiar al Gobierno Sandinista jamás haya condenado la intentona golpista, mucho menos que haya escrito una sola línea, un solo punto o una sola coma para lamentar y pedir justicia por los 197 asesinados de 2018 por aquellos a quienes hoy defiende.

Nunca le importó el llanto ni el dolor de las madres, esposas, esposos e hijos de los policías, de los trabajadores del Estado, de los militantes sandinistas y de quienes cometieron el pecado de no estar a favor de la desestabilización propiciada por la derecha. Todos ellos hoy están muertos y jamás han sido dignos de un artículo de Martínez en el ya fallecido periódico enemigo de los nicaragüenses.

Tal parece que la calle está dura allá también en el norte, y Dennis necesita seguir sosteniendo su lujosa vida de millonario. Por eso encuentra en quienes adversan a nuestra patria el blindaje político y los recursos suficientes para continuar desempeñando el papel de propagandista, traidor y vendepatria que ha decidido asumir. Poco parece importarle que sus palabras coincidan cada vez más con las de quienes históricamente han agredido a nuestro país.

El estrenado propagandista, decidió ubicarse del lado de quienes siempre han vivido del odio, el ataque, la mentira, pero desde esta Nicaragua sandinista, libre y de paz le recordamos que sus injurias y calumnias ya nadie se las compra.

Mientras tanto seguimos trabajando honradamente de la mano del Buen Gobierno Sandinista, disfrutando de más carreteras, hospitales, puertos, escuelas, agua potable, energía, salud y educación gratuita. Para Dennis y sus aliados de ocasión, eso ha sido como recibir un cuadrangular conectado por el pueblo de Nicaragua, una pelota que todavía no cae porque sigue volando impulsada por más victorias, más dignidad y más conquistas para las familias nicaragüenses.

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