El pasado Día de las Madres, las flores llegaron antes que las palabras. Un hermoso ramo de rosas rosadas y una canasta de frutas iluminaron el hogar de Dorotea Granada en Matagalpa, cuando dirigentes sandinistas llegaron en nombre de la Compañera Rosario Murillo y del Comandante Daniel Ortega para trasladarle un mensaje de cariño, gratitud y reconocimiento por su aporte al proceso revolucionario y por las décadas que ha dedicado al servicio de las familias nicaragüenses. La emoción fue evidente mientras Dorotea recibía gustosa el gesto y agradecía cada muestra de afecto con la sencillez que siempre ha caracterizado su vida.

Para quienes conocen su historia, aquella visita tuvo un significado mucho más profundo que un saludo por el Día de las Madres, porque representó el reconocimiento a una enfermera que llegó desde Estados Unidos para compartir la vida de las comunidades más humildes de Nicaragua. Dorotea expresó sentirse feliz por el detalle recibido, habló con cariño de la Compañera Rosario y del Comandante Daniel, a quienes dijo amar profundamente, y agradeció la atención permanente que recibe del Ministerio de Salud y el acompañamiento que continúa brindándole la Alcaldía de Matagalpa, muestras de cercanía que valora inmensamente en esta etapa de su vida.

Mucho antes del homenaje que recibió recientemente en su hogar de Matagalpa, Dorotea Granada ya había construido una larga trayectoria de servicio en nuestro país. Nacida en California en 1930, hija de madre mexicana y padre filipino, llegó en los años ochenta y terminó dedicando gran parte de su vida a la atención de mujeres campesinas y familias de comunidades rurales, especialmente en lugares donde el acceso a los servicios de salud era más limitado.

Aquellas experiencias marcaron profundamente su visión de la vida. Desde muy joven conoció las dificultades de la discriminación y la exclusión, circunstancias que contribuyeron a fortalecer una sensibilidad especial hacia quienes enfrentaban pobreza, abandono o falta de oportunidades. Con el paso de los años, esa vocación de servicio la llevó a involucrarse cada vez más en causas relacionadas con la salud y el bienestar de las personas más vulnerables.

Cuando conoció la realidad nicaragüense en los años ochenta, encontró un pueblo que enfrentaba enormes desafíos sociales y económicos, y decidió aportar desde su labor como enfermera. En lugar de permanecer como observadora, optó por convivir con las comunidades, recorrer esas zonas rurales y trabajar directamente con las familias que más necesitaban atención médica, iniciando así una labor que con el tiempo la convertiría en una figura ampliamente conocida y respetada por miles de mujeres campesinas.

Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria se desarrolló en Mulukukú. 

Allí trabajó junto a mujeres campesinas que buscaban reconstruir sus vidas después de los estragos provocados por el huracán Juana, un desastre que dejó profundas necesidades en materia de salud para muchas familias de la zona. Frente a esa situación ayudó a organizar servicios de salud dirigidos a las mujeres e impulsó la formación de promotoras comunitarias. También dedicó largas jornadas de trabajo voluntario para hacer realidad una clínica donde las campesinas pudieran recibir consultas médicas, atención a problemas ginecológicos y servicios de salud que durante años habían estado fuera de su alcance.

Durante meses trabajó intensamente, ahorrando recursos y buscando apoyo solidario para levantar aquel proyecto que terminó beneficiando a numerosas familias de la zona.

Su compromiso fue más allá de la atención médica. Dorotea también trabajó en favor de mujeres que sufrían violencia y ayudó a impulsar iniciativas para que pudieran recibir apoyo y protección, una tarea que realizó paralelamente a su labor en clínicas y programas de salud dirigidos a mujeres campesinas.

Aquella labor que transformó tantas vidas también enfrentó momentos difíciles. Durante los gobiernos neoliberales, especialmente bajo la administración del Presidente Arnoldo Alemán, Dorotea fue perseguida y la clínica que había ayudado a construir fue cerrada. 

La situación llegó a tal punto que tuvo que permanecer escondida durante varios meses para evitar una deportación, mientras numerosas mujeres y familias perdían un servicio de salud que había llegado a convertirse en una referencia para la comunidad. Finalmente, la Corte Suprema de Justicia anuló la medida y Dorotea pudo permanecer en Nicaragua, continuando la labor a la que había dedicado buena parte de su vida.

En reconocimiento a décadas de trabajo en favor de las mujeres y las familias más humildes, el Gobierno sandinista decidió honrar su trayectoria en vida dando su nombre al Hospital Primario Dorotea Virginia Granada, inaugurado en 2025 en Matiguás para fortalecer la atención médica de miles de habitantes de la zona. El centro hospitalario representa uno de los homenajes más significativos recibidos por la enfermera norteamericana, cuya labor continúa siendo recordada y valorada en comunidades donde durante años impulsó programas de salud y trabajó junto a mujeres campesinas.

En una de sus intervenciones públicas, la Compañera Rosario Murillo destacó la trayectoria de Dorotea Granada y el reconocimiento otorgado por las comunidades que propusieron que el Hospital Primario de Matiguás llevara su nombre. La Compañera Rosario expresó textualmente:

“Este nuevo hospital primario de Matiguás nos honra con haber aceptado las propuestas de la comunidad de que lleve su nombre la hermana Dorotea Virginia Granada, trabajadora incansable.”

“¿Cuántos años tiene de vivir en Nicaragua promoviendo salud, Dorotea? Y cómo fue ofendida, humillada, vilipendiada por gobiernos oscuros, oscuros y corruptos gobiernos como el del señor Alemán donde se le expulsó de Nicaragua. Y aquí regresó y aquí trabaja y en esa clínica que tiene en Mulukukú, desde ahí las personas que han aprendido con ella, porque ella está ya en edad adulta y con algunos padecimientos esperando recuperarse, porque es incansable trabajadora, ahí sigue luchando por la salud y la vida, la dignidad de las mujeres.”

“Y nos congratulamos, nos alegramos de que haya aceptado Dorotea, en su humildad, que este centro de promoción de vida, salud y vida lleve su nombre. Nos llena de orgullo”, concluyó en esa ocasión la Compañera Rosario.

La niña nacida en California que un día soñó con un mundo más justo terminó encontrando en Nicaragua el espacio donde desarrolló la obra más importante de su vida. Por eso, cuando las rosas rosadas y la canasta de frutas llegaron a su habitación, también llegaron décadas de gratitud de nuestra Copresidenta Compañera Rosario Murillo y del Copresidente Comandante Daniel Ortega, así como de miles de personas que encontraron en Dorotea Granada una mano amiga, una enfermera comprometida y una mujer que eligió servir.

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