El analista político Javier Díaz Lacayo, ofreció una reflexión sobre el Día de la Dignidad Nacional —fecha que celebra Nicaragua cada 4 de mayo— durante su participación en la entrevista central de la Revista en Vivo de Canal 4.

"El 4 de mayo es una figura que quiere aprovechar un protagonista vende patria llamado José María Moncada al hacer un pacto con los Estados Unidos, de rendición y desarme y llamar a ese pacto la celebración del Día de la Paz", destacó Díaz Lacayo.

Externó que el General Augusto C. Sandino afirmó que el 4 de mayo debía de ser una fiesta nacional "pero una que reivindicara la Dignidad porque nicaragüenses como él y otros que le seguían se negaron a venderse y a rendirse".

De acuerdo con el analista político, el 4 de mayo representa la transformación de la celebración de la vergüenza de un Día de Paz a costa de venderse o rendirse a la restitución de la Dignidad Nacional.

"Hay que resaltar que desde 1912 que Adolfo Díaz llama a las tropas norteamericanas a invadir Nicaragua y que estas como botín de guerra reciben el tratado Chamorro-Bryan, que es la construcción de un canal interoceánico por donde ellos quisieran, cuando quisieran y como quisieran", manifestó. 

Expuso que la ocupación militar inició en 1912 hasta 1933. "Pero hay un lapso de 2 años donde los Estados Unidos promueven una alianza libero-conservadora que rescata la usanza de la Guerra Nacional de 1855 de que las paralelas históricas, los conservadores que querían tener la usanza de la colonia y los liberales que querían tener los medios de producción pero con los privilegios de los conservadores, alternaran en la gobernabilidad de Nicaragua sin tomar en cuenta al pueblo", sostuvo.

"En ese lapso del pacto libero-conservador promueven la alternancia de las élites nuevamente y uno de los que no salió favorecido que se llamaba también Emiliano Chamorro, autor de la primera etapa de la intervención norteamericana, da un golpe de Estado al presidente Conservador Carlos José Solórzano, el vicepresidente es Juan Bautista Sacaza", explicó.

A ese golpe de Estado se le denominó "El Lomazo". Tras ser amenazado de muerte, el mandatario de turno se retira "y el vicepresidente cree que él va a asumir de acuerdo al orden constitucional como presidente y empieza a haber un conflicto que termina en una guerra llamada también La Guerra Constitucionalista".

En ese contexto, los liberales liderados por Juan Bautista Sacaza "establecen el nuevo gobierno, que estaba en Managua y que ahora estaba tomado por los gopistas y los establecen en Puerto Cabezas. Entonces, en ese momento, se inicia una guerra y en el inicio se hace un ejército liberal constitucionalista formado por varios latifundistas liberales, que lo que tenían ellos eran empleados, obreros del campo, peonada se llamaban".

"Uno de esos generales, pero que no era ni latifundista y que no se dedicaba a las labores agrícolas era Sandino que ya había regresado de México y que estaba trabajando en las minas y que su relación era más bien de promover el desarrollo humano local en donde estaba y la gestión cooperativa", destacó.

El General Sandino adquiere en México los ideales de igualdad, libertad y fraternidad que se derivan de la Revolución Francesa.

Cuando Moncada presentó el acuerdo ya firmado a los demás generales, Sandino se negó rotundamente a aceptarlo, marcando así un punto de inflexión en la historia nacional. Esa negativa, según el analista, no solo fue un acto político, sino una declaración ética frente a lo que consideraba una traición.

Díaz Lacayo enfatizó que el desacuerdo de Sandino no se limitaba al contenido del pacto, sino también a la forma en que fue realizado, sin consulta ni consenso.

A partir de ese momento, se gestó lo que posteriormente se conocería como la lucha antiimperialista de Sandino, un proceso que —según el entrevistado— no solo enfrentó la presencia extranjera, sino que también cuestionó las estructuras internas de poder que perpetuaban desigualdades sociales. En ese sentido, el 4 de mayo dejó de ser, en su visión, una fecha asociada a la rendición, para convertirse en un símbolo de resistencia y Dignidad Nacional.

El analista profundizó en el concepto de soberanía defendido por Sandino, señalando que trasciende los aspectos territoriales o jurídicos.

“La visión de Sandino es que Nicaragua tenga un ejercicio de su soberanía, que los nicaragüenses somos los máximos representantes de nuestra autoridad y que la voz del pueblo de Nicaragua es la máxima autoridad, ese es el concepto de soberanía, más allá el de los límites, más allá el de las fronteras”, enfatizó.

Esta idea, afirmó, implica una transformación profunda en la forma de entender el poder político, colocando al pueblo como sujeto central de las decisiones y no como espectador de acuerdos entre élites. Asimismo, destacó que la negativa de Sandino también evidenció la necesidad de cambios estructurales en la sociedad nicaragüense, más allá de los conflictos armados.

“Seguía manteniendo a la oligarquía, a los latifundistas, a los burgueses en el poder, sin tomar en cuenta la verdadera transformación necesaria que requería la población”, dijo.

Para Díaz Lacayo, el legado del 4 de mayo se proyecta en los procesos históricos posteriores, incluyendo la consolidación de movimientos políticos y sociales que reivindican la soberanía y el protagonismo popular. En ese sentido, citó la relevancia de esta fecha como antecedente de transformaciones más amplias en la historia contemporánea del país.

“Aldo Díaz Lacayo bien decía: sin 4 de mayo no existiría la Revolución Popular Sandinista. Sin 4 de mayo no existiría el peso del poder popular en las decisiones de Nicaragua”, externó.

El entrevistado también abordó el reconocimiento institucional de esta efeméride y del General Sandino como Héroe Nacional, señalando que este tipo de consensos reflejan la importancia de construir una memoria histórica compartida.

Se estaba evidenciando que en Nicaragua pondera la integración, la inclusión y el respeto entre los diferentes puntos de vista para construir el desarrollo de una manera pacífica y honorable”.

Finalmente, destacó el valor pedagógico y moral de esta fecha para las nuevas generaciones, subrayando que el concepto de paz debe estar vinculado a la dignidad. “La paz no tiene que ser un elemento vergonzoso. La paz debe de ser un atributo que enaltezca al individuo”.

En su conclusión, Díaz Lacayo planteó que el 4 de mayo debe ser asumido como un referente ético y cívico para la sociedad nicaragüense, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de la soberanía, la justicia social y la construcción de un proyecto de nación inclusivo.

“Es para que nuestra niñez, la juventud y todos los nicaragüenses atesoremos con valentía nuestro deseo de paz y nuestra actitud de paz”.

De esta manera, la conmemoración del Día de la Dignidad Nacional no solo remite a un episodio del pasado, sino que se proyecta como un llamado vigente a fortalecer los valores de respeto, unidad y autodeterminación en la Nicaragua del presente y del futuro.

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