Con la realización de diversas actividades culturales, el Centro Tecnológico de Idiomas llevó a cabo este viernes el cambio de su nombre, en homenaje a los jóvenes que fueron masacrados por la dictadura somocista en Batahola en 1979.
Allan Reyes, director del Centro Tecnológico de Idiomas, destacó la importancia de renombrar la institución como un acto de reconocimiento y memoria hacia los héroes y mártires de aquella gesta histórica.
“Para nuestro centro es un día de gran orgullo tener este nombre (Héroes y Mártires de Batahola) porque entendemos el sacrificio de estos jóvenes, el cual es muy importante en la lucha revolucionaria que llevaron a cabo el 15 de junio de 1979”, dijo.

Recordó que la parte educativa del centro se viene fortaleciendo en la educación durante el aprendizaje de varios idiomas que ejecutan los docentes.
Durante el desarrollo de la actividad, varios docentes interpretaron en varios idiomas poemas dedicados a los Héroes y Mártires de Batahola que incluyeron inglés, chino mandarín, francés, así como una cinemateca.
El centro en la actualidad cuenta con más de 3.000 jóvenes matriculados, donde se imparte la carrera Técnico Especialista en Inglés y cursos de inglés, chino y francés.

Alondra Zapata Pérez, estudiante de inglés, valoró altamente que el centro donde se prepara retomara el nombre de Héroes y Mártires de Batahola.
Félix Pedro Arias, también estudiante, dijo que en la actividad se dio a conocer la lucha de los jóvenes de Batahola que eran de los barrios occidentales de Managua, entre ellos Monseñor Lezcano, que fueron masacrados por la guardia somocista.
Los estudiantes del centro, previo a la actividad, llevaron a cabo una caminata que se desplazó desde la Contraloría General de la República (CGR) hacia el centro, ubicado en una de las ramificaciones del paso desnivel donde fue el 7 Sur.

En un rótulo colocado en la actividad del centro de idiomas dice que, cuando se acercaba el triunfo de la Revolución Sandinista, centenares de jóvenes combatientes de Monseñor Lezcano, La Ceibita, Santa Ana, la Colonia Morazán, Linda Vista y Acahualinca fueron asesinados por la guardia nacional de la dictadura somocista.
Más de 180 jóvenes perdieron la vida en la masacre. Sus cuerpos fueron enterrados en fosas comunes y “es una de las masacres más dolorosas de la insurrección y marcó profundamente la memoria histórica de Managua”.













