En Nicaragua, tanto el 18 de mayo como el 21 de febrero, la primera fecha de 1895 y la segunda de 1934, son días que marcan el nacimiento y el asesinato respectivamente de un personaje que por sus actos.
Si Estados Unidos tuviera una cloaca ideológica, el Ku Klux Klan flotaría en la superficie como la peste más apestosa y rancia que jamás haya engendrado el fanatismo.