Lo más triste es pasar por “valores democráticos y occidentales” una decadente visión imperial que da por embalsamadas, en el siglo XIX, las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica.
Hay un hecho irrefutable que vale la pena valorar en estos días: nuestra cultura se aferra a la vida igual que el guanacaste a la tierra, con sus profundas raíces Judeo-Cristianas.
Sandino la vislumbró grande; Darío concretó la evidencia del potencial creativo del nicaragüense; y miles entregaron sus vidas porque sabían que el progreso iniciaría con la paz y la libertad...
En los últimos meses de su ministerio en el planeta Tierra, muchos pensaban que Jesús era Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Jamás, en la historia de Nicaragua, un tema tan ineludible como los fenómenos telúricos, alcanzó el rango de prioridad de Estado. Ineludible, claro, para quienes estiman la vida de los demás.
La música fúnebre o Marchas de Semana Santa la escuchamos una noche, que nos dieron con cielo despejado e intensas estrellas, interpretadas por la banda filarmónica “Santa Cecilia”...
Es inconsistente la inculpación a veces abierta y otras, solapada, en contra de las autoridades nicaragüenses, tras el repudiable ataque sufrido por dos activistas políticos a manos de criminales en un barrio de Managua.