Tras los fracasos de Estados Unidos y del régimen sionista en la guerra de doce días contra Irán en junio de 2025, ambos países lanzaron una nueva agresión contra la integridad territorial de la República Islámica de Irán el 28 de febrero de 2026 a las 09:40 horas, mediante ataques contra centros gubernamentales y causando la muerte de funcionarios y ciudadanos civiles.
Desde las primeras horas y en el inicio mismo de esta agresión militar, se perpetraron varios crímenes flagrantes que contradijeron todos los principios y leyes en el derecho internacional. Entre ellos se encuentran el ataque contra la sede del Liderazgo iraní y la Presidencia de la República Islámica de Irán, que provocó el martirio del Ayatolá Seyyed Ali Khamenei, Líder Supremo de Irán y máxima autoridad religiosa de los chiitas del mundo; los ataques contra centros gubernamentales y edificios administrativos, que causaron el martirio de decenas de altos funcionarios militares y civiles del país; y, de manera particularmente trágica, el ataque contra la escuela primaria feminina de Minab, donde fueron masacradas 168 estudiantes inocentes que aquella mañana habían acudido a la escuela para aprender.
Hoy, tras cerca de cuatro meses de aquel crimen flagrante y en el marco del alto el fuego vigente, se han creado las condiciones para que el pueblo iraní y todos aquellos que profesan admiración y afecto por el Líder Supremo y por la máxima autoridad religiosa de los chiitas puedan despedirse de sus restos mortales. Un acontecimiento que, sin duda, permanecerá durante siglos en el corazón de la historia como un llamado al honor y una denuncia de la opresión sufrida por Irán.
Los agresores, en el curso de la guerra y de sus operaciones militares, no solo violaron normas universalmente reconocidas del derecho internacional y de los derechos humanos, incluida la inmunidad de los jefes de Estado, sino que, además, mediante el asesinato de una de las más destacadas personalidades políticas y religiosas del mundo, sumieron en el luto a millones de chiitas en distintos países.
Además de su papel como Líder Supremo, Seyyed Ali Khamenei era un Marja' (autoridad religiosa) para los chiitas de todo el mundo; su asesinato hirió profundamente la conciencia de millones de chiitas en diversas naciones.
Él fue una autoridad religiosa que siempre promovió el diálogo entre las religiones abrahámicas y abogó por la unidad del mundo islámico. Asimismo, respaldó el fortalecimiento de las relaciones con los países vecinos y enfatizó la profundización de los vínculos amistosos con todas las naciones del mundo, especialmente con los países de América Latina, a los que consideraba pioneros en la lucha contra el colonialismo y el imperialismo, convencido de que los países del mundo debían unirse para hacer frente al unilateralismo y fortalecer el multilateralismo en el ámbito internacional.
Las ceremonias fúnebres del fallecido líder iraní, previstas del 3 al 6 de julio de 2026, se convertirán en un símbolo del compromiso de un pueblo con la paz y en una muestra de la solidaridad mundial en la lucha contra el terrorismo estatal violento y las agresiones contra los derechos y la soberanía de los países.
Estas ceremonias se tendrán lugar mientras la República Islámica de Irán, de conformidad con su tradición de buena voluntad, continúa las negociaciones con la parte estadounidense con el propósito de poner fin al conflicto y a las hostilidades, lo que constituye una nueva muestra del enfoque basado en principios de Irán, pese a las dificultades derivadas de la desconfianza hacia Estados Unidos y de los antecedentes de incumplimientos de compromisos y actos criminales atribuidos a ese país.
Este acontecimiento constituirá un magnífico escenario de solidaridad entre los defensores de la paz y de la convivencia pacífica; será una demostración de la fortaleza de quienes se oponen a la guerra y a la destrucción; y quedará inscrito en la historia de la humanidad como un manifiesto de los pueblos amantes de la libertad en todo el mundo.
Que la ceremonia de despedida de este sabio líder, quien alcanzó el martirio en su lugar de trabajo mientras servía a su pueblo, marque el comienzo de una nueva etapa de solidaridad en favor de la paz y del respeto a los derechos humanos.













