El Día del Padre no tiene la misma connotación que el Día de la Madre, no hay duda. Poco trasciende, pero debe ser para cada uno de los que lo son un momento especial para valorar lo importante que es en la vida de cada ser humano esa figura que en toda la extensión de la palabra merece hacerle sentir lo importante que es para vivirlo y gozarlo más allá del encuentro, de la cena o del regalo.

Así las cosas, permítanme saludar a todos los padres de Nicaragua y especial al mío, Joaquín Absalón Pastora Zúniga al que con admiración y aprecio le debo el agradecimiento de dejarme cargar el inmenso nombre que lo hizo grande a través de muchas décadas en la radiodifusión nacional desde donde se consagró como uno de los inmortales de una época que pienso es y será irrepetible. MI viejo, como le decía, ya no habita la selva inhóspita de este mundo como él llamaba, está en otro plano después de agotar la caducidad con la que venía programado, pero lo cierto es que sus hijos, mis hermanos, siempre le extrañamos y literalmente está con nosotros.

Ciertamente creo que no hay más dicha para cualquier ser humano, sea este hombre o mujer, que la de ser padre o madre y que se les reconozca como tales. Esos sitiales de honor representan la prolongación de la vida y la esperanza para las generaciones que siguen y en lo que refiere específicamente a los padres es la meta y el objetivo en la faena diaria para inspirar desde la grandeza que representan como cabeza de familia y trazar metas y construir ilusiones para hacer lo más llevadero posible los días que al lado de sus seres amados, sus hijos, hagan una escuela en calidad de maestros y aprendices de la realidad de la vida.  En consecuencia, engendrar no es el final en el camino de ningún hombre, sino un largo comienzo que lo titula en la responsabilidad de amar educando.

Los hijos cuando son buenos son la música e inspiración en los hogares. Da miedo abandonar el mundo, sin completar la tarea para repetir en ellos los muchos consejos que los viejos siempre nos han reiterado en el irreflexivo capítulo de la juventud y es cuando viviéndolo realmente concebimos qué tanta razón tenían al querer enderezar conductas que más tarde no nos iban a ayudar en la relación con la sociedad y la vida y hoy a la vuelta del tiempo los recordamos como ingratos e irreflexivos  episodios porque cuando jóvenes nos creemos dueños del mundo, poseedores de la verdad absoluta y universal, que nunca nos pasará nada y hasta que somos inmortales.

Muchas veces ese espíritu aventurero e intempestivo nos llevó conscientemente a una mala respuesta, a una mala mirada que siempre nos fue dispensada porque siempre el amor del padre o madre está para saber perdonar y es eso supongo lo que todos los padres e hijos recocemos en ésta importante misión apostólica de sufrir y de gozar, de llorar y de reír, cuando realmente amamos en la responsabilidad de inculcar valores, no solo en el respeto a la familia, sino que también en el respeto a la patria, a la tierra que nos vio nacer, a la que nos permite con orgullo llamarnos nicaragüenses y ante ella, no solo ante los progenitores, debemos demostrar que somos buenos hijos porque esa patria es nuestro mayor hogar y si de algo se enorgullecen los padres es el dar a su nación una ciudadana o un ciudadano que la ama, que a su tierna edad sabe quiénes son buenos y quienes son malos, sabe quiénes hacen y quienes no hacen por ella.

Trato de condensar así la experiencia de todos los que se saben padres con la certeza inevitable de que en el menú de lo bueno y lo malo hay de todo en la viña del Señor y que así como hay padres que se sienten orgullosos de serlo también hay desnaturalizados e irresponsables que hoy no tienen hijos que puedan sentirse orgullosos de decir !FELICIDADES PAPÁ! y suceden esas cosas por el machista que conquistó una pieza femenina solo para marcarla el resto de sus días y después la desechó de la lista para no reconocer al hijo o a la hija en el que nunca pensó podría resultar de una aventura. Así sucede porque siempre existirán los incapacitado para entender los altos valores de la responsabilidad.  Sucede también por efecto de la depravación de los abusadores que alimentaron la verdad verdadera de que padres puede haber muchos, pero madre solo una y con eso injustamente se desfigura el maravilloso rango de ser Papá, claro por la mancha de unos pocos.

El Padre no es el que engendra, sino el que forma y aunque quizás en el idealismo no tengamos al padre perfecto, unos por celosos, otros por pleitistas, por sobre protectores, por insípidos y no amorosos y aunque con sus defectos responsables, al menos dentro de los parámetros mínimos, hemos de respetarlos y ayudarles para que nos ayuden en la superación que todos queremos en la vida porque en su tránsito no todos los tiempos son buenos, ni todos los tiempos son malos y es cuando el núcleo de nuestra comunidad reclama comprensión entre los seres queridos y el padre es en ello parte fundamental.

Permítanme entonces felicitar a todos los padres de Nicaragua. Permítanme inducir a aquellos que tienen hijos pero que los niegan a ir por ellos. Permítanme decirle a la juventud que reflexionen a la hora de amar porque del simple deseo les puede surgir una responsabilidad tan grande donde lo que está en prueba no es la virilidad sino la hombría de reconocer las consecuencias y permítanme reconocer a la vez a las mujeres, que abandonadas por sujetos que de hombres nada tienen y que desprestigian el buen concepto del padre, han sabido con decoro jugar el doble papel de Mamá y de Papá y en esa misma medida a aquellos hombres que viudos por los golpes de la vida, divorciados, separados o abandonados han también demostrado que son seres más que especiales al hacer indistintamente el papel de Mamá y de Papá.
 
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA

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