No debería de asombrarme la conducta de estos sicarios digitales, porque ya forma parte de su naturaleza. Aun así, uno queda estupefacto al verlos, como decía mi abuelita, “aturugados de odio”. Basta observar su comportamiento para comprender de quiénes hablo: criminales que pretenden presentarse como periodistas independientes cuando en realidad actúan como propagandistas carroñeros, capaces de convertir cualquier tragedia humana en una herramienta al servicio de sus intereses.

Estos mercaderes de la comunicación no conocen ni la dignidad ni mucho menos el humanismo. Su mirada siempre está puesta en el sufrimiento ajeno, no para aliviarlo, sino para explotarlo.

Así ocurrió recientemente durante el delicado proceso de salud que vivió el compañero Brooklyn Rivera. Mientras el líder indígena luchaba por su vida acompañado por un equipo de profesionales especialistas de la salud que le brindaban atención permanente con calidad y calidez, los arrodillados vendepatrias aguardaban con ansiedad el desenlace. Contaban las horas, los minutos y los segundos porque para ellos Brooklyn resultaba más útil muerto que vivo. Su objetivo era utilizar la muerte del líder indígena con el fin de culpar al Gobierno y activar una nueva ofensiva mediática financiada por los mismos de siempre.

Fue así que el fallecimiento de Brooklyn Rivera “Taupla”, como le decían con cariño, les sirvió a estos zopilotes para alimentar una vez más sus noticias falsas y nuevos informes basura. Hombres o mujeres, poco importa, porque todos estos mercenarios comparten la misma descomposición ética y moral, al extremo de encontrar en el dolor de una familia y en la partida de un ser humano una nueva excusa para atacar a Nicaragua mediante llamados a sanciones, bloqueos e intervenciones.

Resulta pues que estos propagandistas carroñeros ahora pretenden manipular una muerte por causas naturales y convertirla en una oportunidad para generar caos y destrucción, porque para ellos el fin siempre justifica los medios.

La realidad, sin embargo, fue completamente distinta. El Estado de Nicaragua acompañó al dirigente miskito hasta el final, primero durante el deterioro de su salud de vieja data, poniendo a su disposición los conocimientos más avanzados de la medicina, y posteriormente durante su vela y sepelio, demostrando una vez más los valores Cristianos, Socialistas y Solidarios que distinguen a nuestro pueblo.

En Nicaragua todos conocemos a estos golpistas, traidores, vendepatrias, sicarios digitales y propagandistas carroñeros que hoy intentan presentarse como defensores de Brooklyn (Q.E.P.D.), pero que son los mismos que lo atacaron cuando decidió respaldar al Frente Sandinista. Convencido en 2006 de que la Alianza Unida Nicaragua Triunfa representaba la mejor opción para las comunidades de la Costa Caribe y para Nicaragua, decidió apoyar este proyecto político. Desde entonces fue señalado, atacado y descalificado por quienes jamás le perdonaron haber tomado esa decisión.

Estos propagandistas de la mentira no informan, acechan. Permanecen atentos a la enfermedad, al sufrimiento y a la tragedia para convertirlos en combustible de sus campañas. Cuando la realidad no les proporciona el desastre que necesitan, lo exageran, lo deforman o sencillamente lo inventan.

Su oficio nunca ha sido la verdad, sino aprovecharse de la desgracia ajena para mantener viva una confrontación que perdió credibilidad hace mucho tiempo.

Mientras en la Nicaragua sandinista y de paz las familias trabajan, estudian y construyen su futuro, estos operadores digitales continúan atrapados en el resentimiento que alimentaron durante el intento de golpe de Estado de 2018. Su propia miseria humana no les ha permitido avanzar porque siguen aferrados a una estrategia que fracasó. Incapaces de aceptar aquella derrota, continúan buscando cualquier pretexto para atacar al país y promover nuevas formas de desestabilización.

Su conducta recuerda a las aves carroñeras que sobrevuelan esperando encontrar algún cadáver del cual alimentarse. De manera similar, estos propagandistas permanecen atentos a las tragedias humanas y a los momentos de vulnerabilidad que puedan explotar en beneficio propio. Allí donde una familia enfrenta una pérdida, ellos intentan sacar ventaja, donde existe sufrimiento, procuran convertirlo en arma política contra Nicaragua.

Y por si todavía les cuesta aceptarlo, conviene recordarles una verdad que sigue incomodándolos: la Compañera Rosario, el Comandante Daniel y el pueblo derrotaron la arremetida golpista que pretendieron imponer. Desde entonces permanecen atrapados en el mismo resentimiento que los condujo al fracaso, como muertos insepultos incapaces de abandonar un pasado que no volverá.

Es por eso que mientras ellos siguen mirando hacia atrás, los nicaragüenses continúan apostando por la tranquilidad, el trabajo y la paz.

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