Mensaje del Compañero y Hermano Yáder José Salmerón Silva : Una Nicaragua donde los Niños crecen, sueñan y sonríen.

UNA NICARAGUA DONDE LOS NIÑOS CRECEN, SUEÑAN Y SONRÍEN

1 de junio de 2026

Cra. Pdta. Rosario Murillo.
A sus manos.

Querida Compañera Presidenta:

En este Día del Niño quiero expresarle un saludo lleno de alegría y esperanza, elevando también una oración por todos los niños y niñas de nuestra amada Nicaragua, porque ellos son una de las bendiciones más hermosas que Dios puede confiar a una familia y a una nación.

Celebrar a los niños es celebrar la vida misma, ese milagro que comienza mucho antes de contemplar una sonrisa o escuchar las primeras palabras. La Sagrada Escritura nos revela la ternura de Dios por cada ser humano cuando dice: “Antes de formarte en el vientre de tu madre, yo te conocía (Jeremías 1,5). Cada niño, desde el vientre materno, lleva consigo una historia sagrada, una dignidad que debe ser protegida y una promesa de futuro.

Por eso les agradecemos a ustedes, nuestros gobernantes, por permitirnos vivir en una Nicaragua donde se respeta la vida desde su concepción, reconociendo que cada hijo e hija que viene al mundo es un regalo precioso de Dios, una alegría para su familia y una bendición para nuestra patria.

Esta protección de la vida se manifiesta de manera especial en el acompañamiento a tantas madres a través de las casas maternas, donde encuentran cercanía, atención y cuidado en uno de los momentos más importantes de sus vidas, recordándonos que cuando abrazamos a una madre también estamos abrazando la vida que lleva en su seno.

Jesús nos enseñó a mirar la grandeza escondida en los pequeños. Cuando muchos buscaban honores y puestos importantes, Él puso su mirada en un niño y nos recordó que en la sencillez, la pureza y la confianza de los pequeños encontramos un reflejo del Reino de Dios. Desde la mirada de Jesús comprendemos que cuidar a un niño es custodiar uno de los tesoros más hermosos que Dios ha puesto en nuestras manos.

San Juan Bosco, aquel gran sacerdote que entregó su vida a la educación y formación de niños y jóvenes, especialmente de los más necesitados, dejó una enseñanza profunda: “No basta amar a los niños y jóvenes; es necesario que ellos se den cuenta de que son amados”.

Porque el verdadero amor no se queda solamente en palabras; el amor se hace visible y se transforma en obras. Un niño descubre que es amado cuando encuentra una mano que lo cuida, un maestro que lo acompaña, una escuela que le abre caminos, un espacio donde recrearse, un hospital que protege su salud y un Gobierno que le dice con hechos: “Tu vida vale, tus sueños importan, creemos en tu futuro”.

Hoy reconocemos con gratitud los esfuerzos realizados por nuestro Gobierno Sandinista para que los niños puedan crecer con mayores oportunidades: una Nicaragua que ha trabajado por superar las sombras del analfabetismo, llevando la luz del conocimiento a sus hijos; garantizando el acceso a la educación como un derecho, desde la escuela hasta la universidad, y ofreciendo una formación que abre caminos hacia el mañana.

Educar es mirar al niño en toda su realidad. Por eso, cada merienda escolar entregada en nuestras escuelas representa mucho más que un alimento: representa cuidado y atención hacia nuestros pequeños, porque un niño que estudia con su cuerpo alimentado tiene más fuerzas para aprender, crecer y desarrollar sus capacidades.

Cuántos parques y espacios de recreación en toda Nicaragua son hoy lugares donde se escucha la alegría de nuestros niños, donde las familias se reúnen, donde una pelota, un juego, una carrera o una sonrisa nos recuerdan que la infancia también necesita momentos para compartir y ser feliz.

Vemos igualmente el amor expresado en el cuidado de la salud de nuestros pequeños: hospitales y espacios destinados a proteger aquello que una familia considera uno de sus mayores tesoros: la vida de sus hijos.

No hay rincón de nuestra Nicaragua donde no encontremos padres agradecidos al ver que sus hijos pueden aprender, desarrollarse y vivir su infancia con alegría; niños que tienen la bendición de caminar hacia una escuela, compartir en un parque y mirar el futuro con esperanza.

De manera especial, les damos gracias por una Nicaragua donde nuestras familias pueden experimentar paz y tranquilidad; una tierra reconocida por sus niveles de seguridad en la región centroamericana, donde nuestros niños pueden disfrutar sus días sin que sus sonrisas sean apagadas por el temor, la violencia o el dolor de la guerra.

Que Dios bendiga a todos los niños de Nicaragua: sus sonrisas, sus juegos, su inocencia y esa alegría sencilla que nos recuerda que todavía existe belleza y bondad en el mundo.

Y que esa misma bendición alcance a todos los niños del mundo, especialmente a quienes sufren a causa de la guerra, la violencia y el dolor, como los niños de Palestina, especialmente de Gaza. Que ningún pequeño pierda jamás el derecho de sonreír y esperar un mañana de paz.

Compañera Presidenta, gracias porque su entrega, sus esfuerzos y sacrificios cotidianos se reflejan en tantos rostros de nuestra Nicaragua, especialmente en los más pequeños. Gracias por recordarnos con hechos que cuando se cuida la infancia, se está sembrando el futuro de una nación.

Porque cada niño protegido es una victoria del amor; cada niño educado es una puerta abierta al mañana; y cada niño que sonríe es una señal de que Dios sigue bendiciendo nuestra tierra.

Con afecto filial,

Yáder José Salmerón Silva.
Siempre al Frente y más allá.

PD: Kiara del Carmen, José Matías y Diego, desde ya le tienen mucho amor y admiración.

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